La mística Coiba a nuestro alcance

«Antes aislada por la presencia de un penal, muchos operadores de turismo ofrecen viajes de ida y vuelta a este paraíso del pacífico panameño»

 

Si estás en busca de una buena dieta te recomiendo viajar. Un par de días respirando el aire puro de las montañas o incluso un par de horas tomando sol en una de las tantas playas hermosas que tiene nuestro país y te desintoxicas como si estuvieras tomando uno de esos famosos jugos y batidos.

Con el montón de estrés que acumulamos en los interminables tranques y la montaña de obligaciones en el trabajo, resulta natural desear que la tierra nos escupa en lugares paradisíacos.

Lastimosamente la teletransportación sólo la dominan Gokú y su combo, pero para nuestra fortuna el acceso a destinos que antes sólo se veían por tele y las revistas ahora es posible, ya sea por iniciativas locales o nacionales.

Así fue como este verano mi esposa y yo fuimos a parar a Coiba, la mística isla que décadas atrás fue el hogar de los prisioneros más peligrosos del país y de presos políticos durante la dictadura, considerada actualmente como patrimonio de la humanidad.

 

Cómo llegar

Cuando antes el acceso era restringido por razones obvias, varios operadores de turismo ofrecen paquetes a diferentes precios saliendo desde Pedasí, Montijo y Santa Catalina. El establecimiento de un penal ayudó a que la flora y fauna de la isla se mantuviese casi intacta para el deleite de los visitantes.

Es fácil conseguir un tour. Sólo basta entrar a instagram y facebook para armar una lista de los operadores que trabajan en las áreas de Azuero y Veraguas.

En el trayecto de aproximadamente hora y media en bote por la costa sonaeña se aprecian las tortugas, rayas y hasta delfines que se pasean por la superficie de las cristalinas aguas del pacífico, como si se tratara de un avance de todo lo que nos esperaba en este viaje.

 

Atracciones

En los paseos de ida y vuelta los botes hacen una parada en el campamento del Ministerio de Ambiente, donde antes llegaba el cocodrilo “Tito” para que los guardaparques lo alimentaran. La buena vida de “Tito” lo hizo engordar mucho y, por su salud, ya dejan que el cocodrilo busque su propia comida.

En el lugar hay un pequeño museo que indica las especies de animales que uno puede encontrar.

Un corto trayecto en lancha y llegamos al Sendero de Los Monos, un camino por una punta de la isla que tiene el nombre bien puesto. Aparte de observar varias aves y disfrutar de sus singulares cantos, los monos aulladores nativos de Coiba hicieron notar su presencia desde lo alto de los árboles. Ñeques y otros mamíferos llaman la atención al alborotar las hojas y ramas secas en el suelo mientras buscan eludir nuestra vista.

Tras el recorrido de poco más de un kilómetro y medio el bote nos llevó a la pequeña isla de Granito de Oro, apta para realizar snorkeling y famosa por la cantidad de vida marina que alberga. Allí observamos una gran cantidad de peces, anguilas y hasta un pequeño tiburón nodriza, que se refugiaba entre los corales. Las tortugas y los tiburones de arrecife de punta blanca son otros residentes comunes en las aguas de Coiba.

Los operadores de tours aprovechan esta parada para servir un pequeño almuerzo para recargar energía y después pasar a otro punto popular, la isla del Canal de Afuera, donde con suerte se pueden ver más peces mientras practica snorkeling.

Es hora de regresar a tierra firme. El experimentado capitán de la lancha surca las aguas y aunque nuestros cuerpos van camino a Santa Catalina, nuestras mentes siguen en Coiba, con las aves, peces, delfines y todas esas vivencias completamente diferentes a un tranque por la Transístmica.

 

PS: El penal de Coiba está en una parte de la isla difícil de llegar. En los tours de múltiples días, algunos solían visitar las ruinas, pero actualmente las visitas están algo restringidas, ya que el gobierno está habilitando un puesto de Aeronáutica Civil en el lugar.

 

Los viajes de una o más noches (que son mucho más cariño$$$os que los de ida y vuelta) ofrecen a los visitantes estadías en tiendas de campaña y la oportunidad de ver una increíble cantidad de estrellas en el cielo, y en el agua se ven las olas con partículas bioluminiscentes.

Pero entre toda la belleza también se notan los devastadores impactos del calentamiento global, específicamente en los corales que experimentan un blanqueamiento a causa del aumento en la temperatura del agua.